domingo, 12 de julio de 2015

¡Estoy viva! Recapitulo y vuelvo a empezar.

Algunos habréis pensado que comencé con mucha energía y poco a poco me he quedado sin entusiasmo, arrugadilla como un globo pinchado. Pues no. Sucede que he estado ocupada, que tengo más trabajo que antes. Y no he podido atender el blog como hubiera querido. 

Tengo en mi escritorio notas y apuntes, papelillos donde apuntaba retazos de cosas que quería compartir con vosotros: los cursos que he hecho, lo que he aprendido de los alumnos, lo que a veces me daba por pensar de la música y sus cosas.

Por otra parte... no sé si sirve de algo escribir un blog. ¿O sí? Tal vez depende de lo que uno busque, pretenda o se plantee.

Yo al principio quería crear un sitio en el que mis alumnos pudieran seguir aprendiendo y descubriendo música. También quería contar a los padres de estos jóvenes oboístas cuanto pudiera ayudarles a apoyar y entender el aprendizaje de sus hijos. Muy al principio creé también una página en el blog para compartir materiales que voy elaborando para los alumnos, por si a algún profesor le pudieran ser útiles, aunque no pretendía dirigirme especialmente a profesores. Incluso había preparado una página en la que quería hablaros de las clases de música que doy en casa a mis hijos, pero la retiré cuando comprobé que pasaba el tiempo y no lograba encontrar en momento de volcar en el blog todo lo que voy haciendo con ellos. 

Todo esto son las expectativas, las intenciones.

Pasados unos meses he comprobado que sólo a veces me leen algunos alumnos -todavía, cuando les digo: "Ya sabes que en mi blog hay una pestaña de vídeos oboísticos..." me dicen muchos, sorprendidos: "No"-, en contadas ocasiones los padres de mis alumnos... y, sin embargo, recibo comentarios y visitas de lectores "inesperados". 
Esta diversificación de lectores me ha permitido ampliar los contenidos de las entradas que iba publicando en el blog. Vamos, que ahora -cuando escribo- escribo de lo que me da la gana, tan pronto dirigiéndome a los alumnos, como a sus padres, como a profesores, como a quien quiera que pase por aquí. (Supongo que si me leyera David Peralta me recomendaría formarme un poco en esto de las redes y la música, me diría que ando un poco despistada...esto me pasa por no haberme apuntado al curso sobre músicos y redes sociales que ha tenido lugar hace unos días aquí mismo, en Pamplona.)

La verdad, no pretendo mucho. Además, es muy divertido esto de escribir sin saber si alguien va a leerle a una, y de pronto darte cuenta de que un desahogo tuyo como el de "Políticamente incorrecta: la motivación" tiene más lectores que
ninguna otra entrada. Así voy aprendiendo y, lo reconozco, voy disfrutando. Porque ante todo esto del blog es para mí un disfrute. Lo paso bien escribiendo. Por eso hoy apuro las últimas horas de un domingo vacacional escribiendo. Y por eso me propongo darle un impulso al blog en verano, aunque no me lea nadie. ¿O sí? ¿Hay alguien ahí?

miércoles, 4 de marzo de 2015

Papás y mamás de oboístas: ¡sois mis héroes!

La mayor de mis hijos es muy mayor. Tiene ya una sonrisa desdentada, mide mucho más de un metro y hace preguntas difíciles. Aprende mucho, lee sola, escribe preciosos cuentos...¡¡y tiene tarea!! Esto último ha empezado a suceder hace muy poco tiempo. Es una tarea fácil, pequeña. Una tarea de tercero de Infantil: cada quince días tiene que leer un cuento y hacer después una ficha.

¿Por qué os cuento esto, que aparentemente no tiene nada que ver con vosotros? ¡Ya habéis superado esta etapa, tenéis hijos oboístas, que tienen tareas de verdad, de las difíciles!

Sucede que este hecho tan novedoso y anecdótico ha hecho que os recuerde mucho. Sucede que, a pesar de que es una niña muy trabajadorica y responsable, madura, buena... a Catalina a veces su tarea se le despista, y tengo que estar yo recordándole que tiene que leer ese cuento, que no lo deje para más tarde, que es domingo ya y mañana hay cole, que tiene que hacer la ficha con cuidado...¡¡y yo lo que quisiera es que ella se hiciera responsable de su tarea y se acordara de hacerla en el momento debido y con el cuidado requerido!! Igual igual que a muchos de vosotros con la tarea de oboe, ¿verdad?

En nuestra vida de padres -ahora hablo de mí y de mi marido- se va acercando el momento extraescolar. Tenemos que decidir cómo y dónde queremos que nuestros hijos aprendan música. No es que queramos que nuestros hijos sean unos virtuosos, simplemente nos gustaría acercarles a ese mundo maravilloso que es la música, que lleguen a donde quieran llegar, y que no nos reprochen cuando sean grandes que no aprendieron música porque nos dio pereza pasar horas en los pasillos de la Escuela.
Por eso...¡os admiro tanto! 

Para empezar, os estamos pidiendo que asistáis a las clases de vuestros oboístas, al menos durante el primer año, de modo que os dejamos, por ejemplo, sin ese ratico de recados que a veces es tan necesario o sin ese café, periódico en mano, que no habéis podido tomar en todo el día. ¡Un rato para vosotros! Y, además, tenéis que seguir la clase con cierta atención porque la idea es que después podáis apoyarles en casa. ¡Cuántos consejos os daba yo en aquellos dos artículos sobre la importancia y necesidad de ese apoyo a vuestros aprendices de músico! ¿Lo recordáis? Podéis repasarlos pinchando aquí para consultar el primero de ellos y aquí para leer el segundo.

De modo que os recordaba mucho estos días.
¿No queremos todos -yo la primera- que nuestros pequeños hijos sean perfectamente responsables y no nos carguen con la tarea de tener que recordarles una y otra vez que tienen que ponerse a estudiar? Pero, ¿no terminaron los sacrificios con los biberones nocturnos? Pues no. Y... yo, profesora de oboe... ¿seré capaz de apoyar a mis hijos como es debido cuando estudien música? Pues me va a tocar hacerlo. Pero no será fácil, ¿verdad? ¿Durante cuánto tiempo la responsabilidad d
el resultado caerá sobre mis hombros? Si no avanza, si suspende, si se va a casa una y otra vez con la pegatina roja o amarilla por haber estudiado poco...¿será, en parte, culpa mía, por no haberle organizado el estudio o no haber insistido lo suficiente?

En vuestro caso, además, ocurre que vuestros hijos...¡¡tocan el oboe!! A estas alturas de sus estudios, ¿a que sabéis mucho de cañas? Mojar, abrir, cerrar, que si está dura, que si blanda, rajada, probemos con otra...cuánta paciencia.

Una cosa está clara: tanto en el cole como en la música, salvo muy contadas excepciones, lo habitual será que nuestros hijos necesiten que les recordemos sus obligaciones, que les animemos a estudiar, que les transmitamos lo positivo de esos pequeños y diarios esfuerzos tan necesarios para avanzar en cualquier cosa. Por eso  sigo pensando todo lo que expresaba en esos artículos que os mencionaba antes, pero ahora...os comprendo un poco más.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Reunión de oboístas: acta informal.

El día 30 de enero pasado nos reunimos en la biblioteca de la Escuela Especial de música Joaquín Maya casi todos los profesores de oboe de Navarra. Entre los que allí estábamos representábamos a casi la totalidad de las Escuelas de música en las que se enseña oboe, además de a los conservatorios Profesional y Superior. 

Teniendo en cuenta lo publicado en la página web del Gobierno de Navarra "según los datos definitivos del Padrón, la población residente en la Comunidad Foral a 1 de enero de 2014 es de 640.790 habitantes" -somos una Comunidad Autónoma pequeña- y que, entre todos los que allí estábamos, sumamos alrededor de 150 alumnos, resulta que casi el 0,025 por ciento de la población navarra toca el oboe, de modo que podemos afirmar que la enseñanza del oboe en Navarra goza de una excelente salud. Para ser el instrumento raro que somos, no está nada mal...

Pero no nos habíamos reunido para gozarnos de nuestra salud oboística, ni siquiera para gozar del almuerzo.

Sucede que los que allí estábamos hemos coincidido estudiando más o menos en la misma época, aquella época en la que éramos unos quince o veinte en total, algunos han sido profesores de los otros, y además acudíamos a cursillos juntos, hacíamos cenas de oboístas -en las que estaba prohibido hablar de cañas-, y de todo aquello ha quedado una relación cercana y cordial que nos ha movido, por ejemplo, a organizar entre todos encuentros a los que acuden más de setenta chavales y chavalas tocadores de la doble caña.

Sin embargo, tampoco nos reunimos esta vez para organizar uno de los encuentros de la joven banda de doble caña. Queríamos hablar, más o menos, de pedagogía. De motivación, de repertorio, de nuestros cómos y porqués, además de compartir dificultades, ocurrencias, recursos, métodos y repertorio para las clases, etc. Como tengo memoria de chorlito se me daría muy bien ser la secretaria de este amigable grupo de profesores, porque lo apunto casi todo para que no se me olvide, y eso me permite ahora compartir con vosotros alguna de nuestras reflexiones, a modo de "acta informal" de ese encuentro. Ilustraré este artículo con imágenes de oboístas muy formales ya que, si lo adornara con fotos nuestras, tal vez no nos tomaríais muy en serio...

Empezamos tirando del hilo de la motivación, un poco a propósito del artículo que publiqué hace poco en este blog, y ese hilo se nos enredaba a menudo con la cuestión del repertorio.

Parece que, desde los tiempos en que desaparecieron los conservatorios elementales -muchos de los cuales se transformaron en escuelas de música-, se ha ganado mucho en libertad, con la ventaja sobre el sistema anterior de que nos podemos amoldar a cada alumno, teniendo una gran flexibilidad en lo que a metodología y repertorio se refiere. Al mismo tiempo, la música como asignatura viene perdiendo peso en la enseñanza general, y parece que las escuelas de música tienen que suplir ese vacío, lo que podría desorientar nuestra enseñanza.

Volviendo a ese paso del conservatorio elemental digamos más rígido a la flexible escuela de música, algunos nos preguntábamos si no nos hemos dejado el repertorio clásico por el camino, inmolando siglos de música en ese altar de la motivación. Todos estábamos de acuerdo en que es bueno que el alumno conozca y toque diferentes estilos sin limitarse a uno solo. Por otra parte, había quien nos recordaba que el repertorio propio del oboe tiene un perfil marcadamente "clásico", y que, aunque  nos permitamos "licencias" trabajando obras de estilos digamos más modernos no debemos engañar a nuestros alumnos: si continúan avanzando cursos con el oboe, se irán encontrando con lo clásico irremediablemente.

A este respecto preguntaba yo, que soy profesora de escuela, a los profesores del conservatorio si los alumnos que les llegan de las escuelas sufren mucho con el repertorio clásico saliendo de un mundo que a veces es algo más "popero", pero ellos decían que quienes han pasado una prueba de acceso llegan motivados para aceptar algo nuevo, y con ganas de lo que les echen. Vamos, que no les resulta traumático encontrarse con el concierto de Marcello después de pasar unos años bailoteando con el "look, listen and learn".

Bueno, tengo que matizar esto del "look", que tiendo mucho a la exageración...en realidad, a todos los allí presentes nos gusta mucho lo clásico, y todos trabajamos también con música de siglos pasados.

Pero, ¿qué pasa con la motivación?


Gracias al auge de las escuelas, hoy el estudio de la música se ha extendido a muchísima más gente de la que podía y/o quería estudiar hace unas décadas. Entre los presentes, había quien se atrevía con una pequeña estadística: de cada treinta alumnos podría decirse que diez están ahí por estar, otros diez poco a poco van avanzando y otros diez querrán seguir estudiando (no necesariamente en el conservatorio). Estos últimos, los que tienen más interés, al parecer no tienen ningún problema con el repertorio, lo aceptan, estudian, tocan y disfrutan todo. Sin embargo, el que no estudia, tampoco lo hace con Disney. Se diría que desmotiva más la falta de reto o, más bien, la poca o ninguna gana de superarlo. Ah, y que conste que también reconocíamos que en nuestros primeros años como profesores queríamos que todos nuestros alumnos fueran buenos o muy buenos...y que luego hemos aprendido a alegrarnos con los pequeños logros de todos ellos. Con todos disfrutamos y tratamos de hacer cuanto podemos para que aprendan (ya sabéis, "el cien por cien de nuestro cincuenta por ciento"). Al hacer esa especie de clasificación en tres tercios no hablamos de malos, menos malos, buenos, etc. sino del interés que muestran los alumnos.

No obstante, da la impresión de que existe una premisa que condiciona en muchas escuelas o a muchos profesores la elección del repertorio, uno de esos pensamientos "de fondo" que nadie sabría decir quién formuló primero, o si se extendió de modo contagioso como los catarros vía estornudo: la música clásica no motiva, así que para motivar a ese sesenta y seis por ciento de alumnos que no saben por qué están ahí ni tienen gana alguna de matarse a estudiar dejamos al otro treinta y tres por ciento sin Haendel.

Hubo otra reflexión en torno a la elección de repertorio relacionada con la motivación, y que se puede unir al cóctel que os acabo de describir. Tiene que ver con "los niños de hoy en día", a los que se da tal vez demasiado margen para decidir y marcar las pautas. Desde el "¿Qué te apetece de postre?", en lugar de "Hoy de postre hay manzana", hasta el "¿Qué te apetece tocar?" en lugar de "Vamos a tocar esta fantástica pieza". Y, ya que nos ponemos a reflexionar, también alguno -o alguna- se preguntaba cuál es concretamente ese repertorio musical habitual de los niños de hoy en día, en un momento histórico en el que los dibujos de "Dora la exploradora" se ven destronados del ranking de audiencia por una novedad televisiva cada semana. ¡Estreno! ¡Nuevo estreno!...y la melodía de Dora pasó a la historia. ¡Pero si muchas veces somos nosotros los que les enseñamos esa música de Disney que no han oído nunca, porque se han estrenado otras veinte películas desde el mítico Rey León!

Con más calma, un profesor más ponderado decía que sí puede haber una música con la que se expresan con más facilidad, y la podemos aprovechar para trabajarla con el oboe, sin por ello despreciar otros repertorios.

Se preguntaba alguien si, por motivar, el medio que en un principio pudo ser el trabajo con repertorio popero, televisivo, moderno o como se le quiera llamar, no se ha convertido en un fin. Y, ya que hablábamos de fines, también nos podemos plantear la pregunta de si a algunos profesores de escuela les gusta realmente la música clásica, si la valoran tanto como para querer, con los medios que sean necesarios, acercar a sus alumnos a este repertorio, si lo tenemos como fin.

Y fin. Seguramente me dejo cosas en el tintero, o en el bote de mojar las cañas. Si mis compañeros profesores de oboe me complementan y/o corrigen, iré corrigiendo este artículo. ¡Gracias a todos ellos por esas ganas de pensar, mejorar, compartir, enseñar y aprender! ¡Aprendo mucho de todos vosotros!















domingo, 4 de enero de 2015

Políticamente incorrecta: la motivación.

Tengo una compañera de trabajo a la que tengo por buena profesora e incluso un punto sabia. En una ocasión nos entretenía una conversación que es bastante frecuente, al menos entre los profesores de escuelas de música: hablábamos de que muchos alumnos no estudian lo suficiente y que, al parecer, algunos de ellos son inmunes a cualquier estrategia pedagógica. Bueno, tal vez no debería decir "muchos alumnos" y sería más justo hablar de "algunos alumnos", o tal vez nos acercaríamos más a la realidad si dijéramos "bastantes alumnos" o, si se tratara por ejemplo de valorar el trabajo que se hace en verano, "la mayoría de los alumnos".  Y...vale, admitamos que en verano puede suceder lo que al trabajador del chiste: al no ver al jefe (en este caso el profesor de oboe en una clase) a uno le da por flojear...pero -esta vez- voy a tratar de no irme por las ramas.


Volvamos pues a aquella conversación con mi compañera. En un momento concreto dijo algo que se me quedó grabado: "Yo sólo puedo dar el cien por cien de mi cincuenta por ciento". ¡Cuántas veces he parafraseado a mi compañera después de aquel día!

Y es que a los profesores de hoy en día nos ha caído una gran losa sobre la chepa. La losa se llama "motivación". Hay que motivar al alumno, hacer lo que sea para conseguir que se entusiasme, aprenda, disfrute, se encandile, ame la música y el instrumento que tiene entre las manos (o el dibujo técnico, las matemáticas, el álgebra, la filosofía)...y estudie. La responsabilidad sobre el éxito final de la aventura ha caído de tal modo sobre el profesor que se diría que el alumno no tiene ninguna. ¿Qué pasa con su cincuenta por ciento?

Preparé el temario para mi oposición a lo largo del verano del año 2007. En junio se había publicado la Orden ECI/1889/2007, de 19 de junio, por la que se establece el currículo de las enseñanzas elementales de música (y bla bla) que, si tenéis humor y tiempo tonto, podéis ver completa por ejemplo en este enlace. Esta Orden es parte de la diarrea jurídica que suele suceder a cada nueva ley que aprueba cada nuevo Gobierno. En este caso previamente se había aprobado la Ley Orgánica de Educación (LOE).

Me serví entre otras fuentes de esta Orden para preparar los temas pedagógicos. La introducción a la ley es muy suculenta. En ella podemos encontrar párrafos como éste:

"Por ello, se deberá tener en cuenta que los alumnos de este nivel educativo se encuentran en la edad infantil y es especialmente importante que el profesor establezca en el aula un clima de confianza, cooperativo, divertido y bien humorado. La práctica musical debe resultar una experiencia placentera para el alumno y el carácter lúdico y el juego en la clase no son enemigos de un buen proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que, por el contrario, conformarán una estrategia acertada que permita un aprendizaje más funcional y significativo."

A veces, cuando se topa una con las parrafadas pomposas que vomita la pedagogía moderna, tiene la sensación de estar comiendo el pastel de toda la vida pero con mucha nata, guindas, fideos de colorines y hasta bengalas. No debería ser necesaria una ley para que un docente -al que se le supone un cerebro algo sano y un uso elemental de la lógica- se dé cuenta de que el niño funciona mejor en un clima de confianza que en uno de desconfianza. Por otra parte, si nos dan a elegir, creo que todos escogeríamos divertirnos en lugar de aburrirnos y estar de buen humor a estar amargados.
Sigamos analizando el párrafo antes citado.
¿Por qué creen que necesitamos los profesores que nos digan eso de que "el carácter lúdico y el juego en clase no son enemigos de un buen proceso de enseñanza-aprendizaje"? Da la impresión de que los pedagogos que han asesorado a los juristas que redactaron la ley han descubierto que, hasta ahora, los pobres chavales no lo pasaban bien aprendiendo a tocar un instrumento. Vaya, al parecer es un auténtico milagro que la práctica instrumental haya logrado sobrevivir a pesar de cientos de años de aburrimiento absoluto. Por lo visto, hasta la mesiánica llegada de la moderna pedagogía a la enseñanza musical, no existía una razón lógica por la cual un ser humano racional quisiera dedicarse a algo tan tedioso como tocar un instrumento. ¿No viene a afirmar esa frase que en tiempos pasados -y peores, claro- se creía que la diversión y el juego eran enemigos de un buen proceso de enseñanza-aprendizaje?

Más adelante parece que los autores se dan cuenta de que, en lo que a aprendizaje (perdón, habrá que decir "enseñanza-aprendizaje") instrumental se refiere, no todo se soluciona jugando: "...en algunos instrumentos, cuyo dominio inicial es especialmente arduo debido a sus características específicas y en los que se demora la realización musical de pequeñas obras o ejercicios con los que el alumno pueda disfrutar, es conveniente incidir en la práctica musical temprana con el instrumento que es más cercano a todos y al que se puede acceder de manera más directa: la voz.

Vaya, al parecer hay instrumentos que se resisten incluso al juego, el buen humor, la diversión y las láminas de colorear corcheas. Será que...¿¿¿hace falta estudiar??? ¿O tal vez no hace falta estudiar en absoluto? Si seguimos leyendo la introducción de la Orden tal vez podríamos aclarar este gran misterio.

Encontramos una breve frase que parece resumir todos los principios de la Orden ECI ECI/1889/2007 (más que nada porque empieza por "en suma"):
"En suma, la finalidad de estas enseñanzas es la de promover la autonomía de los alumnos que les permita desarrollar su capacidad de expresión artística, su creatividad musical, para ser así partícipes de su propio proceso de aprendizaje."
Voy a analizar primero esta parte de la frase:  "...la finalidad de estas enseñanzas es la de promover la autonomía de los alumnos que les permita desarrollar su capacidad de expresión artística, su creatividad musical..."
No me parecen mal que queramos conseguir que los alumnos sean artistas creativos. Tendréis que permitir ahora que esta abuela recuerde sus tiempos de conservatorio...
Yo estudié el Grado Medio y el Superior que inventó la LOGSE. Gracias a esto tuve la enorme suerte de tener la asignatura de piano complementario. La primera vez que matriculé esta asignatura conocí el aburrimiento de la mano de un método que me hacía tocar tararas y otras canciones populares que habían caído en el más absoluto de los desusos populares hace un par de generaciones. Por otra parte, pretendían que improvisara y fuera creativa con un instrumento que acababa de encontrarme y que al principio podía tocar sólo con una mano y sólo una nota cada vez. ¡Qué atasco! Me preguntaba yo por qué no me dejaban improvisar con el oboe con el que alguna nota más sabía hacer. Finalmente conseguí convencer a todos mis profesores de piano complementario durante el resto de mis años de conservatorio para que me enseñaran a tocar el piano. Ya sabéis, a hacer escalas, arpegios, tocar estudios y piezas de música clásica. ¡Qué gozada! Ah, y la improvisación con el oboe llegó en el Superior. Otra gozada.

¿Qué pretendo decir con todo esto? Pues que, según mi experiencia, cuanto mayor es el dominio técnico de un instrumento, mayores serán las posibilidades creativas del instrumentista. Y, ¿cómo se consigue un buen dominio técnico de un instrumento? Sólo hay una manera: practicando. Hablando en plata: estudiando.

Vayamos ahora con la segunda parte de la frase: "...para ser así partícipes de su propio proceso de aprendizaje."
Promover la autonomía de los alumnos para que sean partícipes de su propio proceso de aprendizaje...¿no tiene algo que ver con proporcionarles herramientas para que estudien con provecho en casa? 
 ¿Ha inventado algo la ley o ha recogido ideas preexistentes? Si me lee algún profesor, estará de acuerdo conmigo en que, entre los padres de los alumnos, no son pocos los que, cuando les decimos que su oboísta no estudia lo suficiente (por no decir que estudia poco o nada), nos responden con eso de que ellos sólo quieren que lo pase bien con la música. La música, ante todo, debe ser divertida. Pero resulta que no le han apuntado a una discoteca sino a una escuela de música, donde enseñamos a tocar instrumentos. A veces tenemos que convencer a los padres de que sus hijos no disfrutarán con el instrumento si no estudian, y con cierta frecuencia nos responden eso de "no, si yo no quiero que mi hijo sea un virtuoso".

Y yo me pregunto: ¿cuánto es aprender sólo un poco de música? ¿solamente Do Mayor? ¿hasta dos alteraciones? ¿se trata de repetir hasta la saciedad las cinco primeras lecciones del libro sin llegar nunca a empezar con la sexta?

He observado que los alumnos más motivados suelen ser los más estudiosos. Atención: no he dicho los que tienen más facilidad ni nada parecido. He dicho los más estudiosos. Estudian, avanzan, tocan lecciones y piezas cada vez más difíciles...y el reto de poder subir un nuevo escalón de dificultad les hace practicar más. ¿Cuánto tiene que ver conmigo que unos estudien y otros no?

Haré todo lo que pueda con mi cincuenta por ciento. Mi meta como profesora será llegar al cien por cien de ese cincuenta por ciento. Puedo asumir que parte de mi cincuenta por ciento sea hacer ver al alumno que tiene la responsabilidad de su cincuenta por ciento -aquí entra en juego aquello de la motivación-, y animarle a afrontar ese reto. También trataré de hacer ver a los padres que en ese cincuenta por ciento que transcurre fuera del aula ellos tienen algo que hacer, que no pueden ser sólo observadores del proceso de aprendizaje de su oboísta. Pero no seré yo la única responsable de sus fracasos...ni de sus éxitos.

P.D.: Este artículo ha sido el más leído de lo que he publicado hasta ahora, y ha tenido curiosas consecuencias. Una de ellas fue una reunión de profesores de oboe en la que hablamos de estos y otros temas pedagógicos. Resumí lo tratado en esta reunión en esta entrada del blog:

http://marratibelmusica.blogspot.com.es/2015/02/reunion-de-oboistas-acta-informal.html

Por otra parte, mi maestro oboísta Juan Mari Ruiz, promovió la celebración de una mesa redonda -en la que tuve el placer de participar- con el título "El aprendizaje instrumental en las escuelas de música. Introducción y adecuación de nuevos repertorios". Él mismo ha publicado en su blog un artículo que resume muy bien los temas y opiniones que surgieron durante el debate.

http://www.jmroboe.com/blog/2015/03/30/El-repertorio-en-la-clase-de-instrumento.aspx
 






domingo, 2 de noviembre de 2014

Cuando el oboe se queda solo: los solos de orquesta.

Muy queridos oboístos y oboístas:

Vamos a aprender hoy varias cosas importantes para enriquecer vuestros conocimientos oboísticos y musicales. Una de ellas es la diferencia entre un solista-solista y un solista que lo es a ratos. Eso sí, dejando claro por una parte que los dos son solistas y, puesto que lo son, tocan de maravilla y, por otra, que muchísimas veces el mismo músico puede ser en ocasiones un tipo de solista y en otras ocasiones otro tipo de solista. Lo entenderéis enseguida.

Empezaremos por el primer tipo de solista. Se trata de alguien que suele tocar bastante bien su instrumento y que se coloca de pie o sentado -según el instrumento de que se trate- junto al director, delante de la orquesta. Bueno...junto al director, si hay director. En el ejemplo que os invito a disfrutar a continuación, tratándose de una pequeña orquesta, las solistas -violín y oboe- dirigen mientras tocan.



Por si no queda claro, veamos y escuchemos otro ejemplo, esta vez también con director. Hay un detalle que también establece una diferencia entre este y el otro tipo de solista. Veréis que, cuando Cristina Gómez Godoy sale a escena, todos los músicos de la orquesta están ya sentados, y el público la recibe con un aplauso. Cristina es uno de los casos de que os hablaba al principio: además de hacer giras tocando conciertos como el que veréis a continuación, es oboe solista de la orquesta Stattskapelle de Berlín, lo que significa que trabaja también en una orquesta.



Conozcamos ahora a esa otra categoría de solista, la del que trabaja en la orquesta.
Se trata de alguien que está discretamente sentado entre los músicos de la orquesta, con un sencillo atril en el que atesora algún que otro artilugio imprescindible para desempeñar su trabajo sin riesgos: una docena de cañas fantásticas, la navaja y el resto del cacharrerío ferreteril necesario por si de pronto todas fueran imposibles de tocar, el trapillo y el papel de fumar para absorber cualquier condensación indeseable que pudiera distorsionar el límpido sonido de cualquier nota, el afinador para que ayude al solista a emitir el perfecto y diáfano la que será la referencia de afinación para toda la orquesta, el lápiz (de eso, al menos en los ensayos, tienen todos), el rollito de celofán o teflón o baudruche para evitar pequeños escapes de aire a la caña, el pequeño soporte para dejar el oboe durante los compases de silencio y/o mientras se hacen raspados de emergencia a las cañas. Seguramente a algún oboísta esta lista le parecerá escasa...

Este oboísta es fácilmente localizable entre los músicos porque suele estar más rojico que quienes le rodean, y también porque, muy a menudo, durante la interpretación de la partitura orquestal, surgirá de su instrumento una melodía que destacará sobre todo lo que pueda estar sonando en ese momento y que nos hará buscarle con la mirada. Se trata de un solo de orquesta. Esta es otra de las cosas que hoy vamos a aprender.
¿Qué es un solo de orquesta? Se trata de un momento en que, desde el entramado sonoro de la partitura, un instrumento destaca sobre todos los demás. Muy a menudo, en la particella del oboísta, el editor habrá escrito la palabra "solo" al principio de ese pasaje.

A continuación os enlazo un vídeo en el que un joven oboísta interpreta el solo de la obra de Ravel "Le Tombeau de Couperin". Se trata de un solo de los difíciles, de esos que muchas veces tienen que tocar quienes opositan para una plaza de primer oboe en una orquesta.

Otro ejemplo de solo para oboe bellísimo es el que encontramos en el segundo movimiento del concierto para violín de Johannes Brahms, en este caso interpretado por el oboe solista de la Orquesta de Radio Televisión Española, Francisco Javier Sancho, a quien muchos conocemos y de quienes algunos habéis tenido la suerte de recibir clase.


Otro regalico, también con Fran Sancho al oboe. Este solo se oye en el concierto para violín de Samuel Barber. ¡Qué delicia!


A continuación, un caso curioso. Algunos solos son tan largos y memorables que son interpretados por ambos tipos de solista. Se trata en este caso del hiperconocidísimo solo de oboe que se encuentra en la banda sonora de la película "La Misión". La banda sonora es obra del compositor Ennio Morricone y a los oboístas nos viene muy bien para salir airosos de la típica situación en que uno se encuentra cuando dice que toca este instrumento: poca gente suele saber qué es un oboe. Entonces uno canturrea eso de La Misión y, al menos, hay quien sabía cómo suena un oboe (celestial, claro).
Ahí va la primera versión, en plan solista de pie junto al director.

Ahora la segunda versión, con el oboísta sentado en su silla entre los músicos de la orquesta.






Con estos dos últimos vídeos todavía podéis aprender algo más. Se trata de saber qué a los músicos se les llama intérpretes. Cuando anuncian que se va a oír una sinfonía, concierto, sonata...siempre se dice: "Concierto de fulanito para tal instrumento y orquesta INTERPRETADO por la orquesta tal y cual, con menganito al instrumento solista y zutanito en la dirección". ¿Por qué tanta presentación? ¿No basta con decir que es la sinfonía número ene de equis director? La respuesta es no. A pesar de la precisión que pueda tener la partitura con sus indicaciones de tempo, sus alturas y medidas, pianos, fortes y fortissimos...cada intérprete toca su versión de la partitura. Por eso las dos versiones del "Gabriel's oboe" de La Misión son tan parecidas y tan distintas al mismo tiempo. ¿A que es maravilloso saber que aunque oigamos mil veces la misma partitura será tantas otras veces diferente?

Todavía se me ocurre algo más que podríais aprender, pero para esto voy a pedir ayuda por si algún sabio me leyera. Se trata de la diferencia entre "solo" y "soli". Cuando en la particella vemos escrita la palabra "solo" es un solo instrumento el que destaca. Sin embargo, si tuviéramos la palabra "soli", estaremos ante varios instrumentos solistas que tocan al mismo tiempo. ¿Alguien podría darme un ejemplo?

¡Gracias por adelantado!

domingo, 12 de octubre de 2014

Tocas el oboe...¿y no oyes música oboística????

Aviso: Este artículo va dirigido a cualquier estudiante de música, toque el instrumento que toque. Si no tocas el oboe y deseas sentirte aludido, puedes sustituir mentalmente el vocablo "oboe" por el de tu instrumento.

Muy queridísimos aprendices oboístas y oboístos:

Antes de empezar, como tantas veces, a aburriros con mis anécdotas de abuelita del oboe, os diré el por qué de este nuevo artículo. Tiene que ver con un hecho real, que llevo años constatando y que no acabo de asimilar:

¡¡¡ESTUDIÁIS OBOE Y NO ESCUCHÁIS MÚSICA DE OBOE!!!


I. ¿POR QUÉ NO LO HACÉIS? (Me pregunto entre retortijones, estirándome de las coletas...)

Bueno, aquí me gustaría que le dierais un repaso a aquello que os escribí sobre la música clásica. Y alguno de vosotros osará preguntarme: "Y, ¿por qué leer el rollo aquel sobre la música clásica si yo, en realidad, toco el oboe?"
Ante semejante pregunta me veo obligada a ponerme un poco macarra. Vamos a ver...sé que podemos entretenernos muchos trimestres dando vueltas a las eternas -y, sí, incluso no demasiado feas- bandas sonoras de Disney. Pero seamos sinceros: ¿qué porcentaje del repertorio propio del oboe representan las bandas sonoras de Disney? Si respondo a esta pregunta refiriéndome en exclusiva al repertorio escrito concretamente para el oboe con absoluta y clara intención del compositor de turno de escribir para el oboe estimo que el porcentaje sería..¡¡¡del 0%!!!


Por lo tanto, estamos ante un instrumento cuyo maravilloso repertorio ha sido escrito desde su nacimiento a finales del siglo XVII (diecisiete) hasta nuestros días por compositores de los que vosotros llamaríais clásicos.

Es decir: tocáis un instrumento para el que cientos de compositores durante siglos han escrito páginas memorables...¿¿¡¡Y NO OÍS ESA MÚSICA!!??


II. ¿POR QUÉ CREO QUE DEBERÍAIS OÍR MÚSICA OBOÍSTICA?

De modo que estáis poniéndoos rojos, feos, hinchados y fatigados tocando un instrumento del que algunos no conocéis el repertorio. Os daré sólo algunas de las muchas razones por las que creo que sería bueno que lo conociérais:

1ª Podría ayudaros a contestar con orgullo a esos que ponen cara de póker cuando les contáis que tocáis el oboe que, además de ser el más hermoso de los instrumentos que suenan sobre la faz de la tierra, tiene, por ejemplo, un concierto compuesto por el mismísimo Wolfang Amadeus Mozart.

2ª Podríais llegar a formar parte de esos grupos de gente original que habla durante horas de los matices magistrales que aportan los diferentes oboístas a uno u otro concierto, sonata o solo de orquesta. Si además llegáis a ser capaces de hablar también durante largo rato de las cañas, sus orígenes, secados, formas, sonidos, raspados y remojados, seréis unos auténticos oboístas.

3ª Es bastante consolador comprobar que los grandes oboístas también se ponen rojos, feos e hinchados. Por otra parte, uno se da cuenta de que esta cuestión no se resuelve con los años sino que va unida al instrumento. Es irremediable.

4º A veces sucede que oír música oboística provoca ganas de tocar el oboe, para llegar a tocar como el del disco. Eso, al menos, me pasaba a mí, y así os lo voy a relatar en el siguiente epígrafe.

III. VUESTRA ABUELIPROFA DE OBOE:

Yo era ya mayorcita cuando empecé a estudiar música. Normalmente los que llegamos mayorcitos al estudio de la música sabemos lo que queremos: llegar a tocar la maravillosa música que hemos oído. Eso sí, nos exponemos a sufrir una gran decepción cuando comprobamos -en el caso de los oboístas con el primer soplido- que nuestro instrumento no suena como el de los discos...pero, si conseguimos perseverar, puede llegar el día en que el profesor coloque en nuestro atril una partitura de las que tantísimas veces hemos oído. Os aseguro que es muy emocionante...¡tocar la música del disco! (Aunque no la toquemos como el solista del disco)

A muchísimos de vosotros todo esto os resulta muy ajeno, empezando por la palabra "disco". De acuerdo, soy una abuela. He conocido los vinilos y las casetes, formatos del pleistoceno tecnológico que, por cierto, ahora en algún caso se están recuperando. Cuando me enamoré del oboe oía un programa en Radio Clásica que se dedicó al oboe. Todavía guardo la casete en la que grabé aquel programa. (Incluyo una foto de una auténtica casete, por si alguno que otro no sabe a qué me refiero)

En la época en que empecé a aficionarme a la música clásica no sabía qué discos comprar ya que era muy ignorante en lo que se refiere a compositores, épocas, intérpretes...así que iba a la tienda y empezaba a trastear. A veces compraba un disco sólo porque el nombre del compositor se me hacía curioso y su época empezaba ya a gustarme. Me decía: "A ver...barroco, italiano, instrumentos originales, oboe, violín...¡lo compro!" Así fui descubriendo mil y un "tesoros sonoros".

Ahora no podéis hacer esto por una parte porque casi no quedan tiendas de discos y, por otra, porque la industria del disco está clínicamente muerta...¡¡¡pero nunca fue tan fácil (y gratuito) oír música!! Tenéis por ejemplo algo tan sencillo como la búsqueda de youtube. Escribid el nombre de vuestro instrumento y empezad a ver y oír. Están también las aplicaciones gratuitas como Spotify.

También tenemos la radio, ese artilugio que parecía querer morir con los dinosaurios de vinilo y las casetes pero que sigue vivo en gran parte gracias a internet. Os cuento de qué manera. Una radio de referencia es Radio Clásica. Podéis oírla en casa, en el coche...y también on line a tiempo real. ¿Hay un programa que nos ha gustado especialmente y quisiéramos oírlo a otra hora? Pues tenemos todas las emisiones colgadas de la web. Además está aquello de los podcasts, que básicamente consiste en la posibilidad de descargar los programas en tu ordenador y oílos cuando te dé la gana. ¿No es fantástico?

Os contaré qué me pasó cuando, allá por el tiempo de mis veintiocho primaveras, entré en el conservatorio de grado medio (hoy se llama profesional, queda mejor y da más miedo). Cuando entraba por primera vez en el modesto edificio del conservatorio me parecía franquear la puerta del Olimpo o algo así, un lugar en el que todo el mundo adoraría a Beethoven, hablaría de la última ópera representada en el festival de Bayreuth o de la última grabación de Harnoncourt, como mínimo.

En fin, aquello no era exactamente así.  Había una gran mayoría de alumnos con una gran afición a la música digamos moderna y una minoría de aficionados a la música llamada clásica. Al menos unos años después los aficionados a la música clásica nos habíamos localizado y compartíamos nuestra originalidad -algunos hasta estábamos suscritos a la revistilla-boletín de Radio Clásica, qué "frikismo"- en ese contexto general de aficionados al pop que tocaban con su violín sonatas barrocas y conciertos románticos. 

IV. EPÍLOGO

Llegados a este punto seguramente no podéis ya soportarlo más y necesitáis oír música oboística. ¿No sabéis por dónde empezar? Pinchad aquí. ¡¡A disfrutar!!





lunes, 15 de septiembre de 2014

El crítico exterior (Miedo escénico 3)

Retomo la serie de artículos sobre el miedo escénico esta vez no con una reflexión propia sino con un interesante artículo que he encontrado en el blog Ser Mupsico de la psicóloga Laura Martínez. 

Recordaréis que hablábamos sobre el crítico interior y también le hemos dado alguna vuelta a la percepción negativa que tenemos a veces del público, imaginándolo como si estuviera compuesto de un montón de críticos terribles que, libreta en mano, acuden a nuestro concierto solamente para sacarnos los fallos, los colores, los desafines y hasta los sudores...cosa que no es cierta. 
Esa percepción del público como crítico severo es más una proyección de nuestro crítico interior en el público que una realidad. Lo que estamos haciendo es imaginar que los demás nos oyen como nos oímos nosotros: poniéndonos verdes.

Por otra parte, en algún momento de nuestra vida sí puede suceder que nos oigan los críticos: examinadores, profesores, e incluso -por qué no- algún familiar impertinente que se empeña en decirnos en primer lugar todo lo que hemos hecho mal con la sana intención de hacernos ver esos fallos que por supuesto nosotros habíamos percibido sin ningún problema. Lo que suelen pretender es que saquemos provecho de nuestros fallos para mejorar...y a veces lo que consiguen es hundirnos en la miseria (aunque esto no quiere decir que haya que pasar por encima de los errores para no agobiarnos, es bueno tener una sana relación con nuestra realidad para mejorar).

Las reflexiones que Laura Martínez hace sobre "El fantasma de la crítica" os pueden ayudar a llevaros mejor con las a veces inevitables críticas. Está publicado en el blog "La brújula del canto", de Isabel Villagar.